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Mostrando las entradas con la etiqueta literatura

De Profundis

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  “Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz” (Salmo 129) Por Daniel A. Hadad   I. Perder el rumbo Si algún día ya no tengo nada aún tendré mis manos para escribir y sólo espero hacerte feliz con eso si el resto no está, no me importa.   Ya que el oficio de escritor, a diferencia de la mayoría, no depende de la fuerza sino de la cabeza   es por eso que no seré como el boxeador retirado; un hombre sin rumbo sino que, como todo escritor, solo lo perderé el día que muera o el día que ya no estés.   II. Lo que ocupa mi mente   Hoy voy a verte ciertamente que no puedo pensar en otra cosa y eso que tengo problemas   generalmente son estos lo que ocupa mi mente pero aqui esta la excepción que confirma la regla.   Soy nada más que lo que ves que para no morir decide escribir.   Espero te guste porque si bien no se si sea bueno es lo mejor que tengo, de...

Desencantando un mundo (o lo que me pasó con La Odisea)

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Por Lucía Vazquez (*) Creo que desde antes de la pandemia no veía una sala de cine tan llena como la de ayer para la función de La Odisea de Nolan. Primera situación extraordinaria para una película extraordinaria. Eso lo dejamos asentado: la película es impresionante. Tampoco recuerdo bien cuándo fue la última vez que salí tan confundida del cine. ¿Me “gustó” o “no me gustó” lo que acabo de ver? Quizá fui a buscar una épica que hoy no es posible, ni siquiera en manos del director con mayor presupuesto de la actualidad. Hubo momentos en los que no podía creer lo que estaba viendo: la materialidad visual y sonora, y a esa escala, es abrumadora. La textura conmueve por sí misma. Ya no se hacen películas así y no es una forma de decir. Solo puedo pensar en proyectos como el de El señor de los anillos ; pero de esa sala, hace veinticinco años, salí absolutamente fascinada, enganchada para siempre a ese mundo. Otra cosa me pasó con La Odisea , cuyo mundo es objeto de un amor fiel d...

La "perfecta" escritura

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  Por Daniel A. Hadad   Revisando papeles hacia el fin del año pasado, encontré en un cajón estas líneas:   “En mi vida leí a muchos hombres, seguramente más de quinientos, y escuché a mil y un hombres   Muchos han sido muy inteligentes y muy entretenidos, pero hay algo que no tuvo ninguno: la Completud y la Perfección.   Ni en Anna Karenina de Tolstoi ni en ¿Por quién doblan las campanas? De Hemingway ni siquiera en El banquete de Platón encontré esa sensación de la perfección y la completud. Sin embargo hay un hombre, solo un hombre, que me la dio, que me mal acostumbró a lo que debía esperar de las letras, de la literatura, de las personas, e incluso de la vida misma y ese hombre es Jorge Luis Borges”   No pudo más que hacerme recordar cómo fue que lo conocí ¿o lo recordé? Y me llevó a escribir esto:   “Cuando era niño me acerqué a ti por primera vez, vaya paradoja que haya sido pre...

Cuando Dios llora

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Por Aníbal Germán Torres   El misterio del sufrimiento inocente, manifestado con cruda claridad en fenómenos como las enfermedades devastadoras y las catástrofes naturales, como los recientes terremotos en Venezuela, constituye uno de los desafíos más profundos para la fe. Ante el dolor de un niño enfermo o la devastación generada por un terremoto, la pregunta humana e inmediata es: ¿Dónde está Dios? Para abordar esta encrucijada, considero pertinente referir a la teodicea, es decir, la disciplina teológica y filosófica que busca justificar la bondad y la justicia de Dios frente a la innegable presencia del mal en el mundo. Al hacerlo, podemos ver que la razón choca inevitablemente con el mysterium iniquitatis (el misterio de la iniquidad), esa realidad oscura, profunda e irracional del mal que desborda las explicaciones humanas y lógicas. La respuesta cristiana católica a este misterio no se encuentra en un silogismo frío, sino en el misterio de la Creación, el despliegue de la ...

Borges ante la eterna alegría

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Por Aníbal Germán Torres  (*) "Un escritor venezolano que estaba a mi lado me codeó y dijo: 'Míralo bien. Es Homero, es Dante, es toda la literatura' " (Tomás Eloy Martínez, "recordando a Borges") Un día como hoy, en 1986, partió de este mundo Jorge Luis Borges a los 86 años, verdaderamente un grande de la literatura argentina y universal. Desde la ciudad de Ginebra, distante de la patria que lo vio nacer y desplegarse a la luz, entró en el “Gran Mar”, como llamaban los florentinos a la muerte, según refería a menudo su fiel “samurái” (más que viuda y albacea testamentaria), María Kodama. Buenos Aires, Ginebra, Jerusalén y tantas otras ciudades; el maestro y el texto; el otro y el mismo; la abuela Haslam y el abuelo Borges Lafinur; una madre compinche, casi centenaria, un padre que le legaría la ceguera y la biblioteca, y una hermana pintora; los grupos Florida y Boedo; los anaqueles de la vieja sede de la Biblioteca Nacional; las caminatas por los arrabales...