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Cuando Dios llora

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Por Aníbal Germán Torres   El misterio del sufrimiento inocente, manifestado con cruda claridad en fenómenos como las enfermedades devastadoras y las catástrofes naturales, como los recientes terremotos en Venezuela, constituye uno de los desafíos más profundos para la fe. Ante el dolor de un niño enfermo o la devastación generada por un terremoto, la pregunta humana e inmediata es: ¿Dónde está Dios? Para abordar esta encrucijada, considero pertinente referir a la teodicea, es decir, la disciplina teológica y filosófica que busca justificar la bondad y la justicia de Dios frente a la innegable presencia del mal en el mundo. Al hacerlo, podemos ver que la razón choca inevitablemente con el mysterium iniquitatis (el misterio de la iniquidad), esa realidad oscura, profunda e irracional del mal que desborda las explicaciones humanas y lógicas. La respuesta cristiana católica a este misterio no se encuentra en un silogismo frío, sino en el misterio de la Creación, el despliegue de la ...

Borges ante la eterna alegría

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Por Aníbal Germán Torres  (*) "Un escritor venezolano que estaba a mi lado me codeó y dijo: 'Míralo bien. Es Homero, es Dante, es toda la literatura' " (Tomás Eloy Martínez, "recordando a Borges") Un día como hoy, en 1986, partió de este mundo Jorge Luis Borges a los 86 años, verdaderamente un grande de la literatura argentina y universal. Desde la ciudad de Ginebra, distante de la patria que lo vio nacer y desplegarse a la luz, entró en el “Gran Mar”, como llamaban los florentinos a la muerte, según refería a menudo su fiel “samurái” (más que viuda y albacea testamentaria), María Kodama. Buenos Aires, Ginebra, Jerusalén y tantas otras ciudades; el maestro y el texto; el otro y el mismo; la abuela Haslam y el abuelo Borges Lafinur; una madre compinche, casi centenaria, un padre que le legaría la ceguera y la biblioteca, y una hermana pintora; los grupos Florida y Boedo; los anaqueles de la vieja sede de la Biblioteca Nacional; las caminatas por los arrabales...

Un Dios silente

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  “Entonces el Señor le dijo: «Sal de tu cueva y espérame en el monte, delante de mí.» Elías pudo sentir que el Señor estaba pasando, porque se desató un viento poderoso que a su paso desgajaba los montes y partía las rocas. Pero el Señor no estaba en el huracán. Tras el viento vino un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego. Pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Luego vino un silbo apacible y delicado ” (Del Primer Libro de los Reyes)   “Considerar cómo la divinidad se esconde…” (Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales 196) El siguiente texto es una reflexión escrita con posterioridad a la entrega de los Premios Oscar en 2017, donde también competía la película "Silencio", del cineasta Martin Scorsese. Más allá de las referencias a los avatares de dicha ceremonia, invitamos a apreciar los nudos problemáticos (plenamente vigentes) que el autor de la nota pone en evidencia a partir de dicho film (RyT).   ...

"Cuadernos abiertos"

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  “Cada instante tiene su gloria” Hugo Mujica   Por Daniel A. Hadad (*)   Musa   Para mí mejor amiga y peor enemiga.   Nadie sabe cómo, ni porqué, pero llegas. Nadie sabe cómo, ni porqué, pero te vas. Nadie sabe cómo hacerte llegar, nadie sabe cómo esperarte.   Quizás haya que buscarte quizás haya que esperarte quizás, quienes alguna vez, en algún momento te tuvimos fuimos felices, y vos nos diste la felicidad pero, además, nos diste la infelicidad constante de la que hoy somos prisioneros.   Y si bien, cuando estás la vida es bella cuando no estás, la vida es un infierno. Y no estás casi nunca.   Nos haces sentir que si no nos expresamos no vale la pena vivir. Pero, también, nos haces sentir que no nos podemos expresar y por esto, no vale la pena vivir.   ¿Qué hubiera costado?     A José Eduardo Hadad, mí abuelo.     Un...

"Amalia" y el tiempo

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  Por Iván Ridzevski (*) Al llegar, los carceleros se asombraron cuando vieron la celda del artista. Las paredes estaban regadas de carbón; ya más cerca apreciaron que con él habían sido escritas, con suficiente detalle, consignas imposibles de gritar afuera. Hasta los muros de los sótanos denunciaban ese año, 1839, al dictador Juan Manuel de Rosas, proclamado hacía cinco años Restaurador de las Leyes. La cultura de aquella Buenos Aires pintó en uno de sus lienzos el hito romántico argentino de José Mármol, el poeta más célebre de su generación, privado de su libertad por el régimen de la Federación.             No fue para Mármol un año más. En 1851 eligió el trágico 1839 como fondo para su novela Amalia , su gran romance y probablemente es más importante del siglo escrito en territorio argentino. Así y todo, estando prohibido la novela es publicada en el diario La Semana , de Montevideo. No es un accidente. La conspiració...