Carlo Gesualdo: Música y avatares renacentistas
Por Iván Ridzevski (*) Ha amanecido y las fuerzas del orden ya están en el palacio. El mismo Virrey de Nápoles se ha hecho presente después de recibir la peor de las noticias. La puerta de la residencia anticipa la peor de las calamidades: Dos brazos y una pierna cortados yacen en la intemperie para su exposición pública. Dentro, hay rastros de sangre en la sala principal, la escalera y el pasillo superior donde se encentran las habitaciones. A medida que el Virrey se aproxima al centro de la macabra escena ve que los oficiales de policía pululan por doquier despavoridos; se privan de una visual tan espantosa como inexplicable. Llegado a la planta alta se dirige a la única alcoba con la puerta abierta. Después de entrar debe ser ayudado a incorporarse debido a un principio de soponcio. El cuadro que tiene delante es atroz. Sobre la cama hay dos cadáveres muertos a puñaladas y disparos. Son María de Ávalos, hija del príncipe Montesarchio, y Fabrizio Carafa, duque de Andr...