La nunca gloriosa adentración de Jesús
Por Franco Caramuto (*) Cuando pensamos en el hecho teológico de la Ascensión gloriosa de Jesús a los cielos (que tanto nos gusta nombrar), solemos imaginar una especie de despedida cósmica: Cristo elevándose hacia un cielo lejano, separado de la tierra y de los dramas humanos. Marcando una diferencia radical entre él, su Padre y la siempre marginada mundanidad. Pero, justamente (y por suerte) el texto que se nos invita a leer, para la conmemoración de esta solemnidad, expresa algo totalmente diferente. “Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo?” (Hch 1,11). En este relato, la pregunta de los ángeles no es para nada ingenua. Es toda una corrección y una provocación teológica. Como si dijeran: no busquen arriba lo que ahora debe ser descubierto aquí abajo; ¿Por qué quieren convertir a Jesús en una divinidad desencarnada, alejada de la historia, escondida en un más allá inaccesible, totalmente separado de lo humano? Desde los inicios del cristianismo e...