El amor no se puede olvidar
Hacer memoria agradecida de nuestros seres queridos que ya partieron de este mundo hoy resulta contracultural, puesto que vivimos en un "presentismo" donde solamente cuenta lo que vemos, tocamos y consumimos desde nuestra narcisista afirmación autorreferencial.
Sin embargo, y a modo de ejemplo, unos versos de Borges nos permiten mantener viva la convicción de la posibilidad de una vía alternativa a la amnesia narcotizante. Así, en "Everness" ("siempre"/"eternidad") decía el poeta:
"Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido".
A contracorriente del olvido, el recuerdo de familiares (los que conocimos y los que no llegamos a conocer), amigos, bienhechores y personas que hemos tratado y/o han dejado algo en nosotros, nos hace conscientes de dónde venimos y hacia dónde vamos. Pero además, la pregunta paulina nos permite encender esperanzadamente la luz que ilumina esa realidad misteriosa en la cual la ausencia muestra que, en verdad, es una presencia, de otro modo y para siempre: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?".
El mismo Pablo enseñó que "el amor no pasará jamás" y así, lo que tampoco olvidamos, es el amor que hemos recibido y al que, de manera imperfecta, tratamos de corresponder. Como canta el famoso dúo de hermanos:
"Todos tenemos alguien que recordar
Por más que ya no estén, aunque no vuelvan más
El amor no se puede olvidar, el amor no se puede olvidar
El amor, si fue amor de verdad, el amor no se puede olvidar
(...)
Todos tenemos alguien por quien llorar
Todos tenemos alguien que recordar
Por más que ya no estén, aunque no vuelvan más
El amor no se puede olvidar"
(agt)

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