Malvinas: ¿Por qué ahora? Causas y consecuencias de la cadena nacional de Milei
(Imagen generada con IA)
Por Mateo Vacca (*)
En un marco nacional atravesado por las dificultades
para normalizar la economía y en un contexto internacional más que convulso, el
presidente Javier Milei sorprendió a todos el pasado jueves con una serie de
anuncios que se instalaron en la agenda pública.
Hace más de una semana que en la
agenda pública de los argentinos se habla de un solo tema: Malvinas. Esto
se debe a la cadena nacional que brindó el presidente el pasado jueves. Quince
minutos le bastaron a Javier Milei para generar un revuelo masivo e instalar
este tema en la discusión pública. La propuesta de un proyecto de ley de
defensa nacional; la creación de un organismo de seguridad nacional y de una
base naval en Ushuaia; la aplicación de sanciones a empresas que amaguen con
extraer petróleo de las Islas Malvinas y el llamado a la unidad nacional fueron
algunos de los temas más relevantes que mencionó el mandatario.
Habiendo pasado ya unos cuantos días
desde el anuncio, resulta imperante parar la pelota por un momento para poder repensar
ya no solo la simple denotación del suceso, sino más bien pasar a niveles de
análisis más profundos e ir en busca de los mensajes connotados que hay detrás.
Al entrar en ese nivel más profundo salen a la luz numerosas cuestiones que
transforman a esta cadena nacional en un gran objeto de debate.
La primera pregunta es: ¿Por qué
ahora? El timing responde a la convergencia de varios factores: el
avance del proyecto petrolero Sea Lion en aguas de Malvinas, que aceleró la
necesidad de una respuesta argentina; las declaraciones de Donald Trump sobre
una posible revisión de la posición estadounidense, que abrieron una ventana
diplomática; y un contexto interno marcado por dificultades económicas y la
proximidad del ciclo electoral de 2027, en el que Malvinas aparece como una
causa capaz de generar consensos y modificar la agenda pública. A esto se suma
la creciente importancia estratégica del Atlántico Sur y la Antártida, por sus
recursos naturales, rutas marítimas y relevancia geopolítica.
El
Cuarto Poder[1]
dialogó con diversos especialistas en la materia, quienes brindaron distintas
miradas sobre el asunto y permitieron complejizarlo a través de sus opiniones. Manuel Rodríguez Aieta, miembro del
grupo de estudios sobre negociaciones comerciales internacionales de la UNR, analizó
la dimensión geopolítica. Juliana Krenz, integrante del Observatorio Malvinas
de la UNR, profundizó en seguridad nacional y proyección argentina en el
Atlántico Sur y por último, Aníbal Torres, politólogo especialista en gestión
electoral, aportó una lectura sobre agenda pública, rédito político y
estrategia comunicacional.
Tanto Krenz como Rodríguez Aieta relativizaron
la idea de que la cadena nacional haya inaugurado una nueva política argentina
respecto de Malvinas. Para Krenz, se trata más bien de “un endurecimiento
discursivo y una rejerarquización del tema dentro de la agenda nacional”. El
reclamo de soberanía, sostuvo, continúa siendo una política de Estado que
atravesó gobiernos de distintos signos políticos. Lo novedoso estaría,
entonces, en la manera en que el Ejecutivo comenzó a vincularlo con cuestiones
de defensa, seguridad y control de recursos estratégicos.
Rodríguez Aieta coincidió con ese
diagnóstico. “Verdadero cambio en realidad no hay”, señaló, y recordó que el
reclamo por la recuperación de la soberanía sobre las islas constituye una
constante histórica de la política exterior argentina. Sí reconoció, en cambio,
un endurecimiento coyuntural favorecido por dos elementos que adquirieron
centralidad en las últimas semanas: la explotación petrolera y las
declaraciones provenientes de Estados Unidos.
Ese endurecimiento también se refleja en el
lenguaje empleado por Milei. El Presidente pasó de declaraciones que
anteriormente podían interpretarse como más conciliadoras hacia los habitantes
de las islas a definirlos como una “población implantada” y describir al Reino
Unido como una potencia “en declive”. Rodríguez Aieta advierte, sin embargo,
que el concepto de población implantada no constituye una innovación del actual
Gobierno, sino un argumento histórico de la posición argentina para rechazar
que el principio de autodeterminación sea aplicable a los isleños. Para el politólogo,
la principal explicación del cambio de tono vuelve a encontrarse en la
coyuntura internacional: “La clave acá es Estados Unidos”. La posibilidad de
que Washington revisara su postura habría generado una oportunidad para elevar
la presión diplomática.
Pero detrás de la disputa simbólica y
jurídica aparece también un factor económico concreto. El avance del proyecto
petrolero Sea Lion volvió a poner en primer plano la discusión sobre los
recursos naturales existentes alrededor de las islas. Rodríguez Aieta resumió
la relevancia del proyecto en dos dimensiones: el petróleo y la posición
geoestratégica del archipiélago. Desde la perspectiva argentina, la discusión
sobre soberanía también comprende la potestad sobre los recursos
hidrocarburíferos presentes en la zona. A esto se suma la ubicación
privilegiada de Malvinas en el Atlántico Sur, próxima a la Antártida y a
importantes pasos interoceánicos.
Krenz amplió esa mirada y propuso comprender
el conflicto más allá de Sea Lion. A su entender, Malvinas involucra
actualmente “el control del Atlántico Sur, la protección de recursos pesqueros
e hidrocarburíferos, la proyección hacia la Antártida y la presencia militar
británica en la región”.
Uno de los instrumentos elegidos por el
Gobierno para responder al avance petrolero fue el endurecimiento de las
sanciones contra las compañías que participen directa o indirectamente de la
explotación. Sobre su posible eficacia aparecieron, sin embargo, diferencias
entre los especialistas. Krenz adoptó una posición más cautelosa: reconoció que
las medidas pueden aumentar los costos políticos, jurídicos y reputacionales de
operar en un territorio en disputa y funcionar como un elemento disuasorio para
futuras inversiones, pero adviertió que “su eficacia práctica es limitada”
debido a la escasa capacidad argentina para afectar directamente a empresas
respaldadas por el Reino Unido.
Rodríguez Aieta se mostró algo más optimista.
En su análisis, Vaca Muerta podría funcionar como una herramienta concreta de
presión económica. La lógica sería sencilla: las empresas involucradas deberían
evaluar el costo de participar de negocios en Malvinas si eso implica perder el
acceso a oportunidades considerablemente mayores dentro del territorio
continental argentino. “El que se mete en Malvinas lo dejo fuera de Vaca
Muerta”, sintetizó al explicar la lógica de la estrategia.
La decisión del Gobierno de vincular Malvinas
con la seguridad nacional constituye otro de los elementos novedosos del
anuncio. Para Krenz, este enfoque supone dejar de tratar el tema únicamente
como una disputa diplomática o jurídica y comenzar a incorporarlo a una
planificación que integre defensa, recursos, espacios marítimos y proyección
antártica. Dentro de ese esquema ubica tanto al anunciado Consejo de Seguridad
Nacional como al desarrollo de la Base Naval Integrada de Ushuaia. El primero
podría funcionar como un ámbito de coordinación entre las políticas de defensa,
seguridad y relaciones exteriores, mientras que la segunda permitiría
fortalecer la presencia argentina en un punto estratégico para la logística
antártica y el control del Atlántico Sur.
En el plano internacional, las expectativas
del Gobierno argentino descansan en buena medida sobre el comportamiento de
Estados Unidos. Para Rodríguez Aieta, la relación entre Washington y Londres
atraviesa tensiones coyunturales. Por ende, Donald Trump podría utilizar
determinados asuntos de política exterior como instrumentos de presión sobre
sus aliados. Sin embargo, se muestra prudente ante la posibilidad de que esto
se traduzca en un apoyo decisivo para Argentina. “Eso lo tomaría con pinzas”,
advierte respecto de la posibilidad de que Washington pueda forzar al Reino
Unido a reabrir una negociación por soberanía.
El principal problema, agregó, es la propia
imprevisibilidad del presidente estadounidense. La Argentina puede estar
aprovechando actualmente una ventana de oportunidad internacional, pero esa
misma ventana podría cerrarse si Trump pierde interés en la cuestión o modifica
nuevamente sus prioridades. Cosa que no es para nada descabellada si se tiene
en cuenta la volatilidad a la hora de tomar decisiones del magnate devenido en
presidente de los States.
Al análisis internacional se le suma
inevitablemente la dimensión política doméstica. Allí se incorporó la mirada de
Aníbal Torres quien entiende que la instalación de Malvinas en la agenda puede
generar distintos réditos para el Gobierno. Uno de ellos sería la posibilidad
de correr momentáneamente el centro de la discusión pública desde problemáticas
vinculadas con la actividad económica, el desempleo, la pobreza o las demandas
sociales hacia una cuestión históricamente sensible y transversal para la
sociedad argentina.
Torres no planteó que esa sea necesariamente
la única motivación del anuncio, pero sí consideró posible interpretar el giro
como un intento por “retomar el control de la agenda” en un contexto en el que
el Gobierno enfrenta dificultades en distintas áreas de gestión. Malvinas, bajo
esa lectura, puede convertirse en una fuente de oxígeno político precisamente
porque atraviesa divisiones partidarias y conecta con un consenso social mucho
más amplio que el núcleo libertario.
Para él, la elección de una cadena nacional
tampoco resulta inocua. Destacó que, pese a la predominancia de redes sociales
y plataformas de streaming, la televisión y la radio continúan ofreciendo una
capacidad de llegada masiva y federal. Pero el formato también modifica
simbólicamente el mensaje: una cadena nacional otorga excepcionalidad e
institucionalidad al anuncio y coloca al asunto en una dimensión diferente de
la que tendría un posteo presidencial o una entrevista. El propio cierre del
discurso resultó ilustrativo: Milei dejó de lado su habitual “Viva la libertad,
carajo” y optó por un “Viva la Patria” acompañado de un llamado a la unidad
nacional. “Citando a Mcluhan: El medio es el mensaje”, sintetizó Torres al
analizar esa decisión comunicacional.
Queda, finalmente, una pregunta cuya
respuesta todavía no puede encontrarse en los discursos: ¿cómo se medirá el
éxito de esta estrategia? En este punto los tres análisis confluyeron en la
necesidad de observar los hechos antes que los anuncios. Para Torres, un primer
indicador será la capacidad del Gobierno de transformar sus iniciativas en
políticas respaldadas por el Congreso. La aprobación de medidas con
acompañamiento opositor permitiría hablar de una nueva etapa dentro de una
política de Estado que exceda a La Libertad Avanza.
Rodríguez Aieta introdujo un límite
adicional: incluso una estrategia sostenida desde Argentina seguirá dependiendo
de variables internacionales altamente volátiles, entre ellas la relación
futura entre Estados Unidos y el Reino Unido y la permanencia del interés
norteamericano sobre Malvinas. Por ese motivo considera difícil realizar
proyecciones sobre una eventual reapertura de negociaciones de soberanía y
descarta pensar en una resolución en el corto plazo.
Por su parte, Krenz sintetizó esa cautela en
una frase que permite condensar el momento actual: “Por el momento, me
parece que el discurso va bastante más rápido que los hechos”.
(*) Licenciatura
en Comunicación Periodística (UCA)
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