Futbol y Política
“porque sos pueblo te quiero”
(Mario Benedetti)
Por Mauro
Conti (*)
En América del Sur, más
concretamente, en el Rio de la Plata, el futbol es parte de nuestra cultura, es
parte de ese ethos colectivo que tienen las sociedades. Es, en
definitiva, parte de nuestra identidad, de cómo nos identificamos, de los
relatos que tenemos y que nos representan. Por lo tanto, si el deporte y en
especial el futbol es parte de lo que somos, ¡cómo podría ser que alguien diga
que no hay que mezclarlo con la política! En tanto hecho cultural y fenómeno de
masas, el futbol en el Rio de la Plata es un hecho político en sí mismo, porque
le compete a la polis, es un asunto público y por ende se entrelaza con
todos los otros fenómenos que se dan en la arena pública.
Por supuesto, en el
capitalismo todo fenómeno de masas se transforma en una mercancía, y es así que
tenemos en un deporte que atrapa a millones de personas a una de las multinacionales
más importantes del planeta como es la FIFA. Una multinacional que
intrínsicamente quiere hacer negocios y eso implica mercantilizar(nos). Lo de
este mundial 2026, con las entradas más caras de la historia, es uno de los
ejemplos más claros. Solo basta recordar las inversiones que tienen que hacer
los Estados para satisfacer la demanda de este poderoso actor, y en particular
el efecto que esto tiene en los países del sur global. Por caso, baste recordar
que los gastos para preparar el mundial fueron los desencadenantes que sacaron
a Dilma de la presidencia en Brasil. Inversiones, por cierto, que hicieron que
la remodelación del Maracaná no tuviera taludes, es decir los espacios más
populares y baratos. El pueblo lo mira por televisión.
Como decíamos, mientras esa
gran multinacional prohíbe que los Estados intervengan en cualquier decisión
que tomen las asociaciones locales so pena de ser destituidas y alejadas de la
red global de futbol, la FIFA interviene en los asuntos de los Estados, hace
política. La selección de las sedes de los mundiales es un ejemplo, basta ver
Argentina en el 78, el “mundialito” del 80’ en Uruguay, Qatar 2022, este
mundial y tantos otros. Esa FIFA que expulsa a Rusia por la guerra que tiene
con Ucrania, pero que Trump que se encuentra atacando a pueblos como el cubano,
el iraní o el palestino le dan una medalla de honor por su lucha “inclaudicable”
por la paz… Hace unos días nos despertamos con la noticia de que a Argentina lo
sancionaban porque los jugadores hagan suyo el reclamo legítimo de soberanía de
las islas Malvinas. Así funciona esta multinacional, cuyo CEO, va a visitar la
coronación del Rey de Marruecos.
Pero no tengamos una
mirada tan global, pensemos en el ámbito local. El fútbol está en disputa
también. Algo que compartimos Uruguay y Argentina es si los clubes se
transformarán en empresas, con un mercado que tiende a facilitar el lavado de
activos, o sigue siendo de los socios, con clubes que piensen en desarrollarse
pero en la función social y comunitaria que el deporte le brinda a los barrios,
a las comunidades. Es una disyuntiva: tener empresas con millones aisladas de
todo o clubes que respondan a los intereses del lugar en donde están insertos. O
sea, si gana la pasión o gana el dinero.
Hay sectores que buscan
“despolitizar” el Futbol, que lo único que importa es ganar un partido y que no
hay que hablar de más nada, y por eso en Uruguay los clubes que son Sociedades
Anónimas Deportivas, que además tienen más beneficios fiscales que un club, no
se expresan los 20 de mayo cuando toda la sociedad marcha buscando nuestros
detenidos desaparecidos. Se quiere borrar una tradición donde decenas de
instituciones, jugadores, personalidades asociadas al futbol han tejido
solidaridad. En Uruguay podemos hablar de Obdulio Varela, el recordado "negro jefe", creador de la mutual,
huelguista en defensa de los derechos de los futbolistas. En Argentina, de Maradona, así como de la infinidad de hinchadas que junto a los clubes tienen
actividades sociales.
Como señalaba el Maestro
Tabarez, menos del 1% de los futbolistas llegan. Si consideramos que el futbol
es solo un negocio que es pensado para unos pocos elegidos (los que llegan y
los que pueden pagarlo con entradas cada vez más exclusivas) el fútbol como tal
muere. Es también responsabilidad de los Estados que eso no suceda, se deben
generar políticas públicas en la dirección de fortalecer esos entramados
colectivos generadores de algo tan peculiar como es la pasión, porque como bien
decía Francella en el film El secreto de sus ojos, si algo no
podemos hacer las personas es cambiar de pasión, y los Infantino de la vida es
lo que nos quieren sacar.
En definitiva, las
personas que consideramos que el futbol es parte de nuestra identidad,
identidad que cultiva solidaridad y lucha por los otros, no debemos olvidarnos
nunca, a pesar de las competencias que disputemos que, como dice el himno del
Club Atlético Progreso, cuadro del que soy hincha, “hay que campeonar en las
esquinas, donde cada sueño se ilumina”.
(*) Politólogo.
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