Simplemente, Benito



Por Aníbal Germán Torres

"La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse los hermanos a unas horas en el trabajo manual, y a otras, en la lectura divina."

(de la Regla de San Benito)

Benito de Nursia (480-547) es mucho más que la popular medalla y el interesante códice que contiene. Es un fruto de la rama occidental del frondoso árbol del cristianismo y un reservorio de sus mejores valores, sin prescindir de la apertura a otras cosmovisiones y tradiciones.

Su "receta" aún es tan simple como revolucionaria, recogida en la máxima "orar y trabajar", que condensa la armonía entre la soledad sonora y la vida comunitaria, el interior y el exterior, la pasividad y la actividad, la carne y el mármol, la naturaleza y la cultura.

Una "regla" de plenitud de la mismidad que se hace ofrenda de gratitud al Creador y a la gratuidad de su creación.

Con memoria agradecida recordamos a Benito, quien, como dice el himno de Laudes en su fiesta,


"unió al vigor de Moisés

la fe de Elías y Eliseo,

la compasión del rey David

y la confianza de Pedro.


En el camino de la cruz

tomó por guía el Evangelio,

y mereció ver en tu luz

la realidad del mundo entero"

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