La causa Malvinas no se mancha

 


Por Aníbal Germán Torres 

Ahora que parece que volvió una suerte del infame decreto 4161 aplicado ya no a un dirigente político en particular sino a la causa Malvinas, en virtud de "pacificar los espíritus" para lo que no pocos asumen que es "un partido de fútbol y punto" (*), dejando toda mística de lado (y por ende, toda legítima pretensión de eso que desde los antiguos se llama "gloria"), cabe recordar un episodio: 

En los años 90' Diana de Gales ("la princesa del pueblo", acaso lo más sensible al dolor humano que la monarquía inglesa tuvo en su historia) visitó oficialmente la Argentina. En esa ocasión, el entonces presidente Carlos Menem, en su consabida actitud de ser débil con los poderosos y fuerte con los débiles, mandó a tapar la inscripción "Malvinas Argentina" del helicóptero presidencial, en el cual se trasladaría Lady Di en algunas etapas de su viaje, a los efectos de no ofender a la princesa Spencer. 

Mal haríamos en fomentar enconos cuando entre el Estado Argentino y el Reino Unido hay vínculos diplomáticos formales, que ya existían previamente al conflicto bélico de 1982 y que luego del mismo se retomaron institucionalmente, una vez instalado el Estado democrático de Derecho en nuestro país. Más todavía, aunque parezca obvio recordarlo, cualquier compatriota sensato sabe que la diplomacia es la única vía para que, de manera pacífica y eficaz, el pabellón argentino vuelva a ondear en lo que Atahualpa Yupanqui llamaba "la hermanita perdida".

Pero intentar borrar la historia y la geopolítica con insulsos llamados al comportamiento "civilizado", es ofender la memoria de nuestro pueblo y lo que el fútbol significa para el país. Acaso esto explica por qué en la lejana Bangladesh (ex colonia británica) hay más comprensión para con Argentina que en nuestra propia región.  

Entre la conducta patriotera y la cipaya (ambas infantiles) puede haber un punto medio: la defensa pacífica pero firme de una causa noble. Quienes pretenden que el deporte opere en la asepsia, que jueguen en los laboratorios, no en los estadios. "El Diego" dijo que la pelota no se mancha. La causa Malvinas y la dignidad tampoco.


(*) Nota: la expresión del DT Lionel Scaloni es discutible pero comprensible en su rol de conductor de la Selección. La crítica va más bien a quienes se montaron en ella para esparcir agua destilada.

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