Leo Messi: el místico que decidió dedicarse al futbol


Por Franco Caramuto (*)

Muchas veces, el imaginario popular nos lleva a pensar que el místico es una persona que vive en las nubes, aislada en un trance inalcanzable y alejada de la realidad terrenal. Sin embargo, la verdadera espiritualidad nos enseña exactamente lo contrario: el místico es aquel que está profunda y radicalmente arraigado en el presente, viviendo con plenitud el aquí y el ahora en todas sus dimensiones. Como enseña Eckhart Tolle, la clave del despertar espiritual radica en liberarse de la constante tiranía de la mente y del tiempo psicológico para adentrarse en la intensa vitalidad de la presencia consciente.

Esta misma sintonía atraviesa las grandes tradiciones sapienciales y religiosas. En la vertiente budista, el maestro y filósofo zen Thich Nhat Hanh recuerda que actuar con plena consciencia e integridad en el momento actual es lo que permite, verdaderamente, que nuestro arte y nuestra vida florezcan de forma natural, sin por ello tener que forzar nada. De manera complementaria, en palabras del sacerdote y escritor Pablo d'Ors, cuando nos centramos en el silencio del presente superamos la división entre el mundo y nosotros, descubriendo que nuestra identidad más radical es una pura capacidad de acogida. Por ello, el sabio, el santo, el místico o el iluminado convergen en una misma actitud existencial: habitar enteramente el presente, abrazando la totalidad de la experiencia sin exclusiones ni resistencias.

El campo de juego como espacio de atención creadora

Cuando vemos a Leo Messi jugar, incluso aquellos que apenas entendemos de fútbol, podemos percibir exactamente esta cualidad, que claramente trasciende al juego. Vemos a alguien que, simplemente, está ahí, presente sin más, habitando su realidad en toda su completitud.

Sus movimientos en la cancha no tienen divisiones ni contradicciones internas o externas; no hay una mente ansiosa calculando el futuro ni lamentando el pasado, sino un cuerpo y un espíritu fluyendo al unísono, de manera advática. Esto encarna a la perfección lo que la filósofa Simone Weil definía como atención creadora, es decir, una atención tan absoluta y pura que hace desaparecer al yo egoico para volverse totalmente receptivo a la gracia de la realidad presente. 

Desde una perspectiva teológica, como bien señala el jesuita Javier Melloni, el místico experimenta un proceso de vaciamiento del ego para convertirse en una pura concavidad, un cuenco que se recibe plenamente del Ser y logra un estado de autopresencia conectado con el fondo mismo de la existencia. Messi se entrega al momento desde una apertura que lo vacía de pretensiones artificiales. Y esta actitud no es una mera postura deportiva, ya que esa misma falta de doblez y esa presencia inquebrantable se hacen evidentes también en su vida cotidiana, fuera del campo de juego.

La irradiación de un don que nos trasciende

A partir de esta conexión tan pura se comprende el aura magnética que Messi genera a su alrededor. Son innumerables los testimonios que intentan explicar lo que transmite sin apenas decir o hacer mucho. El místico irradia desde su ser sin tener la necesidad de demostrar nada; no es un personaje prefabricado ni es su ego el que habla o reclama protagonismo. Tal como ha señalado Michel de Certeau, el místico no se instala ni se aferra a ninguna experiencia como una posesión propia. Es, más bien, un caminante perpetuo que vive descentrado de sí mismo, abierto a la irrupción de la alteridad. Habitado por el Misterio y atravesado por la presencia de lo divino, avanza continuamente hacia un horizonte que nunca puede ser plenamente capturado ni reducido a conceptos o certezas definitivas.

Esa irradiación emociona y nos conduce inevitablemente a la Fuente misma de esa luz. Por eso no sorprende que Messi haya manifestado en múltiples entrevistas, con la mayor de las naturalidades, que él juega así simplemente porque Dios le dio ese don. No hay vanidad en sus palabras, sino el humilde y lúcido reconocimiento de quien sabe que es apenas un canal de algo maravilloso que lo trasciende por completo.

La inagotable novedad del místico

Una de las claves para comprender el fenómeno místico es advertir que el místico, allí donde se encuentre, suele convertirse en fuente de novedad y creatividad. Su fecundidad parece inagotable porque no brota simplemente de sus propias capacidades, sino de una Fuente que, por definición, es infinita. 

En este sentido, el místico y teólogo franciscano San Buenaventura se refirió en diversas ocasiones a Dios como numquam satis, “el nunca bastante”, aludiendo a la insondable profundidad y riqueza del Misterio divino. De este modo, el alma unida a Dios ingresa en una dinámica siempre abierta, donde el deseo no se extingue en la posesión, sino que encuentra su plenitud precisamente en una apertura constante hacia una realidad cada vez más vasta y profunda. Como reflejo de ese Misterio, la vida mística participa de un movimiento incesante de creación, expansión y renovación que jamás puede considerarse concluido.

Esta inagotable capacidad de generar algo verdaderamente nuevo opera, sin embargo, desde un lugar muy distinto al que estamos acostumbrados. Nuestra sociedad, regida por la lógica de la productividad capitalista, exige constantemente resultados útiles y nos inunda con una exigencia de creatividad que muchas veces resulta vacía, calculada y nos encadena, vaciándonos de sentido. 

Para comprender esta radical diferencia, resultan reveladoras las reflexiones del filósofo y teólogo Raimon Panikkar, quien define la mística sencillamente como "la experiencia integral de la Vida". Frente a la obsesión moderna por producir, el espíritu contemplativo rescata el valor del acto en sí mismo, actuando plenamente en el presente sin la ansiedad de la recompensa utilitaria. Al experimentar la Vida en su totalidad —sin separar lo material, lo humano y lo divino—, la persona entra en un profundo diálogo creativo con la vida que hace que su arte florezca de forma natural. 

Al estar anclado en esa dimensión viva y presente, Messi no produce fútbol como un simple trámite comercial; él se entrega a la experiencia completa del juego. Por eso, aun cuando pareciera que en las limitadas coordenadas del fútbol actual ya no hay posibilidades de inventar nada, él nos sigue regalando jugadas de una pureza y una insolencia inéditas. Su originalidad no es un cálculo para el mercado, sino un don inagotable: actúa, respira y crea desde la fecundidad propia del místico.

Más que un deportista, un místico consumado

En conclusión, por todo esto y por tantas otras cosas más, resulta evidente que Messi no es solo un deportista. Es cierto que, tal vez, tenga mi sesgo como argentino, o porque además tuve la afortunada oportunidad de compartir una charla con él, o sencillamente porque estoy escribiendo este artículo en medio de un mundial donde, no por casualidad, está brillando como nunca.

Pero lo cierto es que, desde la primera vez que lo vi pisar el césped, percibí en él algo de esta misteriosa cualidad y siempre quise ponerlo en palabras. Por eso me atrevo a decirlo sin rodeos: Messi no solo tiene mística; Messi es un místico consumado. Quizás por eso su legado trascienda incluso al fútbol. Cuando el tiempo haya borrado estadísticas, récords y títulos, seguirá permaneciendo aquello que lo hizo único: su modo de habitar el juego, la vida y el éxito con una humildad, una presencia y una profundidad que rara vez encontramos en nuestro tiempo…

Referencias bibliográficas

Buenaventura, San: Historia de la Mística (estudio de Hilda Graef). De aquí se extrae la dinámica espiritual del deseo inagotable y la referencia al misterio infinito como el numquam satis ("el nunca bastante").

de Certeau, Michel: El lugar del otro. Historia religiosa y mística y La fábula mística. Obras donde se desarrolla el concepto del místico como un eterno caminante que "no habita en lugar alguno", sino que es un sujeto "habitado" por la alteridad.

d'Ors, Pablo: Biografía del silencio. Texto fundamental del cual se toma la idea del silenciamiento del "pequeño yo" (ego), la superación de la división entre el mundo y uno mismo, y el anclaje receptivo en el momento presente.

Melloni, Javier: El Cristo interior y De aquí a Aquí. Obras de donde surge la noción del proceso de vaciamiento del ego para convertirse en una "concavidad" pura, permitiendo así alcanzar el estado no-dual de "ser en el Ser".

Nhat Hanh, Thich: Caligrafía y meditación y enseñanzas clave de la tradición de Plum Village. Textos de donde se extrae la importancia de la plena consciencia en el "aquí y ahora" y de cómo la presencia atenta y pacífica hace que nuestro arte florezca de manera natural.

Panikkar, Raimon: Obras completas. Tomo I: Mística y espiritualidad (Mística, plenitud de Vida). Referencia de la cual se toma la definición de la mística como la "experiencia integral de la Vida", actuando plenamente en el presente sin la ansiedad de la recompensa utilitaria a través de una intuición creativa y cosmoteándrica.

Tolle, Eckhart: El poder del Ahora. Obra que proporciona los conceptos sobre la disolución del ego, el abandono de la tiranía del tiempo psicológico (pasado y futuro) y la intensa vitalidad que se encuentra en la consciencia del "ahora".

Weil, Simone: La gravedad y la gracia y diversos estudios sobre su filosofía. De aquí se adaptan los conceptos de la "atención creadora" y la "decreación", entendidos como el proceso de privar de atención al yo egoico para volverse totalmente receptivos a la gracia de la realidad.


(*) Teólogo y docente.


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