“Magnifica Humanitas”, una teología de la historia



Por Aníbal Germán Torres (*)

“Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén…

embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo”

(Cf. Ap 21,3) 

“pretendo (…) comparar dos lógicas opuestas (…) con imágenes bíblicas:

por un lado, la tentación de construir la torre de Babel, confiando en el poder y en el orgullo; por otro, la paciencia de reconstruir Jerusalén, como en tiempos de Nehemías, ‘pieza por pieza´, cuidando lo humano y el bien común”

(León XIV, MH 184).

 

En el marco de la conmemoración del 135° de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la Santa Sede publicó la primera encíclica del Papa León XIV, la cual lleva por título Magnifica Humanitas (“la magnífica humanidad que Dios ha creado…”, MH 1). Si bien algunos trascendidos apuntaban a que trataría sobre la Inteligencia Artificial (IA), el subtítulo deja en claro que aborda “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.

Antes de proseguir, considero importante hacer notar que, como ha sido habitual a lo largo de las últimas décadas, cada Papa ha querido inaugurar su pontificado con un documento, por así decirlo, programático. En el caso de Pablo VI fue Ecclesiam Suam (1964), en el caso de Juan Pablo II fue Redemptor hominis (1979), en el caso de Benedicto XVI fue Deus caritas est (2005) y en el caso de Francisco fue Evangelii Gaudium (2013). Si bien León XIV publicó Dilexi te (2025), en realidad, cómo él mismo dijo, se trataba de dar a luz un documento preparado por su recordado antecesor. Sin embargo, si en Dilexi te ya se podía ver la preocupación del Santo Padre por la dimensión social del Evangelio (expresada concretamente en la opción preferencial por y con los pobres, DT 3 y 103), esto se hace plenamente manifiesto en Magnifica Humanitas (MH), donde vemos desplegarse su programa de gobierno pastoral hacia dentro y hacia fuera de la Iglesia, estando a la altura del significativo nombre que eligió para el ejercicio del ministerio petrino.   

En efecto, el Papa declara estar explícitamente inspirado en el legado de León XIII y su encíclica Rerum Novarum de 1891 (MH 3 y 4), célebre documento que abordó los “nuevos asuntos” (res novae) vinculados a “la cuestión obrera” en plena Revolución Industrial. De hecho, en el documento aparece 11 veces el nombre del recordado iniciador de la DSI. Ahora bien, León XIV actualiza (siguiendo, ante todo, “un pensamiento dinámico fiel al Evangelio”, pero teniendo muy en cuenta además la Tradición viva y el Magisterio de sus predecesores y del Concilio Vaticano II) las categorías teológicas y pastorales para hacer frente a la “revolución digital en curso” (MH 9 y 17).

Para ayudar a la lectura de la encíclica, tengamos en cuenta que la misma se organiza en cinco capítulos: los dos primeros están dedicados a la evolución, los fundamentos, los principios y la vigencia de la DSI en tanto “discernimiento comunitario” y “teología de la comunión” (MH 25 y 27); y en los tres capítulos siguientes se realiza un discernimiento espiritual, ético y comunitario sobre la IA y sus implicancias concretas, en temas como la técnica y el dominio, la verdad, el trabajo y la libertad, y la contraposición entre “la cultura del poder” y “la civilización del amor”.  

El documento de León XIV no es un tratado meramente técnico ni una condena absolutista a la innovación; es -como resulta propio a la DSI en tanto teología moral social y no ideología- una honda reflexión antropológica, filosófica y cristológica. Su tesis central señala que la verdadera grandeza humana no radica en la optimización funcional o la autosuficiencia cibernética, sino en nuestra infinita dignidad y en nuestra capacidad innata de amar, cuidar y reconocer la presencia de Dios a través de nuestra propia vulnerabilidad y nuestros límites. En todo caso, así como el Papa Francisco en Gaudete et exultate (2018) puso en guardia a los católicos contra las corrientes pelagianas y gnósticas dentro de la Iglesia, León XIV hace lo propio respecto a ciertas formas de transhumanismo y posthumanismo, en tanto “narrativas de fondo” desafiantes respecto a la “magnífica y herida humanidad” (MH 115 y 126).

Es verdad que en la encíclica aparecen mencionados expresamente diferentes autores del ámbito secular, por así decirle: desde Platón hasta Arendt, Tolkien, La Pira, Frankl, pasando por Berulle y Guardini (una modalidad, por otra parte, que felizmente comenzó Pablo VI en Populurom Progressio, en 1967). Pero como quedó claro desde el comienzo del actual pontificado, en León XIV sobresalen las referencias a un Padre de la Iglesia de quien es hijo espiritual: San Agustín. En el documento se lo menciona 4 veces y con alusiones claves.    

 

Una teología de la historia en la línea agustiniana

Según entiendo, el núcleo doctrinal más profundo de Magnifica Humanitas radica en su teología de la historia, la cual se sitúa en continuidad con el pensamiento teológico del Obispo de Hipona y su obra magna De Civitate Dei (La Ciudad de Dios). León XIV no considera a la inteligencia artificial de manera aislada, sino como un elemento que acelera y reconfigura las fuerzas morales y espirituales que siempre han disputado el devenir de la humanidad, cuya historia es intrínsecamente ambigua y por eso amerita ser discernida (Cf. Evangelii nuntiandi 8).  

En el capítulo cuarto, la encíclica evoca textualmente la clásica formulación agustiniana: “Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial” (MH 130). El Papa sostiene que la era de los algoritmos no escapa a esta regla universal, según el cristianismo. La tecnología y la recopilación de datos se convierten en el nuevo escenario donde estos dos amores luchan en el corazón humano, donde combaten la gracia y el pecado, la luz y las sombras. El despliegue de las capacidades técnicas puede orientarse a la construcción de un orden social fraterno y justo o bien a una estructura de opresión egoísta, en mano de monopolios y elites de poder.

 

El síndrome de Babel vs. la Jerusalén celestial

Para ilustrar de forma gráfica esa tensión teológica, León XIV recurre a lo largo del documento a dos imágenes bíblicas contrapuestas: Babel y Jerusalén. Por un lado, la nueva Babel (que hoy aparece con el signo de lo digital) representa la ciudad terrena llevada al paroxismo técnico. El Papa advierte contra el “síndrome de Babel” (MH 10), caracterizado por la idolatría y la obsesión de imponer un lenguaje único, cerrado y homogéneo a través del control algorítmico y digital. Babel emerge cuando el ser humano, obnubilado por el paradigma tecnocrático (que denunciara Francisco en Laudato Si’, 2015), pretende edificar un mundo autosuficiente, excluyendo a Dios y reduciendo el misterio de la persona humana a meras estadísticas, perfiles predictivos y datos de rendimiento. Esta soberbia intelectual y técnica, lejos de unir, conduce inevitablemente a la confusión, el aislamiento, la manipulación emocional y la deshumanización.

Por otro lado y en contraposición, está la nueva Jerusalén, “la ciudad santa” (MH 242) que encarna la meta de la historia redimida, un espacio de auténtica comunión de los seres humanos entre sí, con la creación y con Dios. Jerusalén es la ciudad construida bajo la dinámica de la caridad y la justicia social, de las cuales brota la auténtica paz. No busca la estandarización ni la eliminación del límite humano, sino la edificación del bien común, la solidaridad y el respeto a la dignidad infinita de cada persona y a la identidad de cada pueblo y nación.

La encíclica recuerda que la decisión entre edificar Babel o Jerusalén comienza en el interior de cada persona y en la brújula ética con la que los diseñadores, corporaciones transnacionales y Estados moldeen el futuro tecnológico. De hecho, nos dice el Papa con San Pablo: “Que cada cual se fije bien de qué manera construye” (1 Co 3,10). 

 

Inteligencia Artificial vs. Inteligencia Humana

Para evitar desvíos conceptuales, el Papa León XIV delimita de forma rigurosa la naturaleza de los sistemas automatizados frente a las facultades del ser humano, distinguiendo entre Inteligencia Artificial (IA) e Inteligencia Humana (IH) (MH 97 y 99). A continuación, presento un cuadro comparativo detallado que busca sintetizar la distinción antropológica y filosófica que plantea Magnifica Humanitas:

 

Dimensión

Inteligencia Artificial (IA)

Inteligencia Humana (IH)

Naturaleza esencial

Sistema instrumental fundado en el cálculo matemático, el procesamiento de datos y la imitación funcional.

Realidad óntica dotada de espíritu, creada a imagen y semejanza de Dios.

Conciencia y núcleo

Carece por completo de conciencia, subjetividad, corazón y autoconocimiento.

Posee un alma inmortal, autoconciencia y un templo interior donde resuena la voz de Dios en el sagrario de la conciencia.

Juicio moral

Reducido a la optimización probabilística; incapaz de actuar como un agente ético real.

Basado en la ley natural, la responsabilidad personal, la prudencia y la empatía afectiva.

La fragilidad y el límite

Diseñada bajo la lógica del rendimiento absoluto; el error es un fallo a ser depurado.

Definida por la vulnerabilidad intrínseca (enfermedad, vejez, límite), espacio donde florece la compasión y el amor.

Dinámica relacional

Simula vínculos y procesa conexiones mediante interfaces artificiales.

Capaz de una apertura genuina al “otro”, de gratuidad, de donación y de comunión mística.

Fin último

Herramienta subordinada a los propósitos del programador o de la organización que la controla.

Ordenada a la eternidad y orientada a la plenitud en Jesucristo.

(Considero ético señalar que me ayudé a hacer este cuadro con la IA)

 

León XIV utiliza esta distinción entre IA e IH para sustentar una exigencia moral categórica: dado que el juicio moral no puede reducirse a un cálculo informático, la IA jamás debe sustituir la decisión humana en ámbitos irreversibles o dramáticos, tales como la declaración de la guerra, el uso de armas autónomas o la determinación de la dignidad de un enfermo (aspectos a los cuales se dedica, in extenso, el quinto capítulo).

 

Recepción global de MH

 

Elogios recibidos

Hasta el momento, la publicación de la encíclica ha despertado un interés masivo dentro y fuera de las fronteras de la Iglesia Católica, cosechando opiniones favorables por la valentía profética (de anuncio y denuncia, de propuesta y protesta) de sus postulados:

Voz moral global ante el vacío regulatorio: líderes mundiales y especialistas del sector tecnológico elogian al Papa por constituirse como una firme autoridad moral global en un momento de incertidumbre jurídica y política respecto a la IA. El llamado de la encíclica a que los algoritmos sean éticamente conducidos ha sido calificado como un marco de referencia imprescindible.

Denuncia del “colonialismo digital”: sectores del Sur global, intelectuales afines a la teología de la liberación y movimientos sociales y populares aplaudieron el enfoque socioeconómico que también tienen el texto. León XIV critica con dureza el extractivismo de datos personales y sanitarios de comunidades vulnerables por parte de oligopolios transnacionales, dándole una voz profética a los marginados de la revolución tecnológica en curso.

Rehabilitación de la vulnerabilidad: Intelectuales de diversas corrientes saludaron la audaz intuición de defender la fragilidad humana como una virtud y un factor de resistencia frente a las narrativas transhumanistas y posthumanistas, que pretenden tratar el envejecimiento o el límite biológico como simples defectos del sistema.

Ecología algorítmica integral: En sintonía con la Laudato Si’, la encíclica es vista de manera positiva por movimientos ecologistas al visibilizar el tremendo impacto ambiental de los grandes centros de datos (consumo masivo de agua y energía) necesarios para entrenar los modelos de lenguaje modernos.

Autocrítica eclesiástica: Sectores reformistas de la Iglesia encomiaron que León XIV no limite sus advertencias a las corporaciones externas, sino que inste a la propia Iglesia a realizar un examen de conciencia riguroso para depurar sus estructuras de abusos de poder, económicos y espirituales (Cf. MH 86-89 y 138).

 

Críticas y controversias

Pese a la buena acogida general hasta el momento, el documento de León XIV no está exento de ciertas controversias y críticas procedentes de diversos frentes ideológicos que conforman la opinión pública:

Falta de directrices técnicas específicas: algunos analistas regulatorios y legisladores argumentan que el texto se mantiene en un plano excesivamente abstracto y filosófico. Se le critica que, si bien diagnostica con acierto los riesgos éticos, no aporta manuales de gobernanza ni políticas públicas concretas para que los Estados puedan limitar o al menos regular de forma efectiva el poder de las corporaciones tecnológicas.

Sectores transhumanistas y tecnoptimistas: voces del ámbito científico radical y del libertarianismo de Silicon Valley tacharon el documento de tener sesgos tecnofóbicos ocultos o de manifestar un romanticismo anticuado. Para estos grupos, la insistencia papal en salvaguardar la vulnerabilidad biológica frena la investigación médica y los esfuerzos tecnológicos por erradicar el sufrimiento mediante la hibridación tecnológica.

Polémica por la presencia de ejecutivos de la industria: la presentación oficial de la encíclica en el Vaticano contó con la presencia de figuras destacadas del sector, como el cofundador de la firma tecnológica Anthropic. Esto desató fuertes críticas de sectores tradicionales e investigadores independientes, quienes interpretaron el gesto como un aval pontificio implícito a determinadas corporaciones privadas en detrimento de otras, a pesar de que la Santa Sede aclaró que se trataba de una instancia de diálogo pastoral y diplomático.

Incomodidad en los bloques geopolíticos dominantes: la firmeza del Papa al condenar los sistemas de armas autónomas y automatizadas, exigiendo “dasarmar al IA” (o sea, “sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva, MH 110), provocó reticencias en los Gobiernos de las grandes potencias occidentales y orientales, que ven en la IA militar una ventaja estratégica irrenunciable en el marco de las tensiones bélicas actuales.

 

El desafío de permanecer humanos

Considero, finalmente, que Magnifica Humanitas se erige como una carta de navegación espiritual y social indispensable para lo que resta del siglo XXI. Junto con la revalorización y actualización de la DSI en tanto discernimiento comunitario/sinodal, al entroncar con la mirada de San Agustín, el Papa León XIV, quien habla a la Iglesia y al mundo como “creyente entre creyentes” y “arquitecto sabio (…) animado por la esperanza del Reino de Dios” (MH 233 y 236), nos recuerda que la técnica jamás resolverá el misterio del corazón humano, pues este sigue estando constitutivamente ordenado hacia el infinito y hacia Dios.

Frente a la tentación de edificar una imponente pero desalmada Babel (bajo el signo digital), la Iglesia hace un llamamiento urgente a la comunidad internacional para desarmar la prepotencia tecnocrática y reorientar el progreso hacia “la civilización del amor” (formulada por vez primera por Pablo VI) frente a “la cultural del poder” que tensiona a la propia democracia ante el descreimiento de la verdad, lo cual conlleva derivas incluso totalitarias (Cf. MH 134). Así, la calidad de nuestra época se dirimirá en si empleamos los algoritmos para acrecentar el dominio de unos pocos o si los convertimos en herramientas justas que nos ayuden a custodiar la hermosa, magnífica y herida condición humana.

El Papa agustino implora la protección maternal de María, “poetisa y profetisa de la redención” cuyo Magníficat, en el marco de la alegría de la Encarnación de Cristo Salvador, acoge la historia completa de la magnífica humanidad (HM 244 y 245). Y sabe además del simbolismo del corazón en la mano y de los engaños de los maniqueos de ayer y de hoy:

A quienes tienen el honor y la responsabilidad de gobernar, quisiera repetir unas palabras que dije al inicio de mi Pontificado: «Los pueblos quieren la paz y yo, con el corazón en la mano, digo a los responsables de los pueblos: ¡encontrémonos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben callar, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan; porque pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas; porque los demás no son ante todo enemigos, sino seres humanos: no son malos a quienes odiar, sino personas con quienes hablar. Rechacemos las visiones maniqueas típicas de los relatos violentos, que dividen el mundo entre buenos y malos»” (MH 222).

 (*) Doctor en Ciencia Política. Docente universitario. 

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