Notas para discernir la situación venezolana

 


Por Aníbal Germán Torres (*)

A partir de los acontecimientos que vienen teniendo lugar desde el pasado 3 de enero y de algunos informes consultados, señalo a continuación unas humildes notas que ayuden al discernimiento personal, comunitario e institucional de y sobre la situación venezolana. Valga como aclaración que estos apuntes no tienen carácter de exhaustividad, más aún estando los hechos en pleno desarrollo y envueltos en una “guerra informativa”.

 

Algunos hechos a destacar

El proceso venezolano: A esta altura es difícil no hallar consenso en calificar al gobierno encabezado por Nicolás Maduro como un régimen autoritario con fuertes limitaciones a los Derechos Humanos, en desmedro también del desarrollo económico de Venezuela, lo cual ha expulsado a unos 8 millones de venezolanos, provocando una crisis humanitaria en el país y en la región.

También es cierto, por un lado, que no se puede juzgar un proceso político, social y económico de más de dos décadas en términos simplistas y desde su versión más degradada. Por otro lado, es ingenuo caer ahora en la cuenta respecto a las violaciones a los DDHH, cuando ya se conocía, por ejemplo, el “Informe Bachelet”, de 2019 y 2022. Además, la elección presidencial del año 2024 fue a todas luces amañada por el régimen de Maduro, pues los comicios carecieron de integridad en distintos aspectos medulares del proceso electoral. En este sentido, es verdad que la democracia representativa no se limita a una cuestión de procedimientos formales pero sin el cumplimiento de los mismos no tendríamos democracia, según los estándares contemporáneos.

Estados Unidos: con el presidente Donald Trump, la Casa Blanca toma una postura de tintes neo-imperialistas/expansionistas en lo que hace a su concepción de las relaciones internacionales. Lo ocurrido el pasado 3 de enero con la retirada coercitiva en territorio venezolano del presidente Maduro y su esposa, Cilia Flores (bajo cargos discutibles, cuando no falaces), se enmarca en una seguidilla de activismo recargado de EEUU en el ámbito internacional, pese a las promesas de campaña del polémico movimiento MAGA.

De la mano de Trump, EEUU sigue disputando poder con Rusia y China como han señalado distintos expertos, en alusión a las apetencias expansionistas de tales potencias en diferentes temas (energético, militar, tecnológico, etc).

Al interior de la Casa Blanca, la gestión de estos asuntos es asumida por diferentes funcionarios. Mientras que, por ejemplo, en el conflicto en Oriente Medio o en Ucrania, el Secretario de Estado, Marco Rubio, no había tenido prácticamente participación, no es así en el caso venezolano, en particular, y latinoamericano y caribeño en general. Acaso, como observan algunos, algo tenga que ver su origen familiar en la inmigración cubana en Estados Unidos, una comunidad durísima y poderosa en términos de lobby.

 

Algunos criterios de juicio/análisis

Para analizar lo ocurrido con la intervención norteamericana en Venezuela, hago mías las palabras de las Asociaciones científicas de Derecho Internacional de Argentina, Brasil, Colombia y Perú, quienes en un comunicado emitido en estos días señalaron la necesidad de mantener la vigencia de los principios estructurantes del Derecho Internacional, a saber: la igualdad soberana de los Estados, la autodeterminación de los pueblos, la prohibición del uso o de la amenaza de la fuerza, el principio de no intervención en los asuntos internos, el respeto a la jurisdicción territorial y la solución pacífica de las controversias.

Como señalaron tales Asociaciones de juristas, cabe recordar la relevancia de la doctrina Drago, de 1902, que servirá para contrarrestar el corolario Roosevelt, de 1904, a la doctrina Monroe, la cual hoy, lamentablemente, cobra una nueva interpretación con el corolario Trump, al punto de hablar de doctrina “Donrae”. Según ésta, América Latina, el Caribe y Groenlandia estarían balo la “influencia” hemisférica de EEUU, lo cual va en desmedro del Derecho Internacional y sus principios, en tanto “patrimonio normativo de la humanidad”.

 

Pautas para la acción

A poco de andar la aventura trumpista, que supuso el triste y repudiable “mérito” de ser el primer país en bombardear una capital sudamericana, en Venezuela, aun los más acérrimos opositores al régimen liderado por Maduro señalan su preocupación con el perfil que va tomando la gestión de la “transición”, dejando por el momento de lado (y contra las expectativas de muchos) a la fórmula opositora triunfante en las elecciones de 2024. Más aún, como han advertido distintos analistas, en la comparecencia del presidente Trump ante los medios de comunicación, la palabra “democracia” no fue mencionada, mientras que la palabra “petróleo” fue dicha en unas 20 ocasiones. En esta dirección economicista y extractivista parece ir el interés principal de la Casa Blanca, y no, por ejemplo, la libertad inmediata de todos los presos políticos (como los del siniestro “Helicoide”), más allá de meras declamaciones principistas pour la galerie.

Ante tal situación, urge poner en marcha un eficaz multilateralismo jurídico-político, para la resolución participativa y justa de esta situación, desde la praxis de una “paz desarmada y desarmante” (como dice León XIV) que ponga proa hacia la democracia y el desarrollo de Venezuela y la paz regional.

En algún momento el escritor mexicano Carlos Fuentes había dicho que los latinoamericanos “tenemos corona de laureles pero andamos con los pies descalzos”. Con la profunda convicción de abrazar el sueño-proyecto de la Patria Grande que soñaron en su día José de San Martín y Simón Bolívar, quiero concluir estas palabras con una frase de Charles Péguy que dice: “hubo una vez una coronación de espinas pero habrá otra vez una coronación de esperanza”.

 

(*) Doctor en Ciencia Política. Docente universitario.

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