La vida y el pensamiento

Por Daniel Pío Torres

Pensar es algo que hacemos naturalmente casi todo el tiempo como seres humanos que somos. Al comenzar el día abriendo los ojos, conectamos con el lugar en donde estamos, y pareciera automático lo que nos sucede en ese momento; me refiero a pensar y programar la rutina del día. Pero sobre todo, si se trata de pensar en momentos de discernimiento, por decirlo de alguna manera, donde generalmente buscamos lugares particulares para hacerlo, eso nos ayuda a saber que ahí se acentúan y se profundizan mejor el pensar con más claridad cuando buscamos y encontramos una paz que necesitamos. Por ejemplo: recostarse en la cama y mirar fijamente un lugar determinado, como podría ser la lámpara del techo de la habitación, aprovechando a descubrir ciertas particularidades de la misma mientras pensamos; también, podemos ir a caminar a la costanera y observar el movimiento natural del agua permitiéndonos llegar a una cierta calma que andamos buscando; intentar cerrar los ojos mientras respiramos profundamente el perfume de algún jardín cercano y a la vez tratar de encontrar el silencio para concentrarnos aún más en nuestros pensamientos; además podemos ser testigos de una noche despejada mientras observamos algunas estrellas que ya conocemos sus nombres de niños, mientras tratamos ciertas cuestiones que nos suceden y necesitamos resolver.

Asociado directamente a estos momentos, la razón y el sentido común acompañan las decisiones de nuestras etapas y procesos, pero también hay un actor fundamental que aparece detrás del telón de las decisiones importantes: nuestro incansable corazón, que late y late sin parar desde su pequeño lugar escondido, emitiendo señales que, podríamos decir, son emociones cuando sentimos que llegan desde un lugar que a veces es difícil explicar cómo brotan de nuestro interior.

A veces es posible que se tenga una sensación de angustia profunda, de alteraciones como intranquilidad en determinados lugares, tristeza inexplicable, también el percibir que no está todo bien a nuestro alrededor, como si algo estuviera por suceder: temor, sensación de soledad, etcétera. Pero también puede tratarse de una sensación de paz, de alegría constante, liberación y alivio como si algo se destrabara y tomara sentido nuestra premonición y nuestros deseos, pudiendo ver así un poco más allá de las opiniones externas.

Pero también a veces puede ocurrir que no sabemos o no queremos reconocer algo de todo esto en una decisión, cuando parece que va en sentido contrario a “cómo queremos” pensar. Ahí quizás es donde tomamos la decisión equivocada, sabiendo que si nuestro corazón “habla” es cuando aparece el “yo” interior que algo nos quiere decir y está asociado generalmente a sugerir lo mejor para nosotros y por eso es difícil que se equivoque. Pero también sabemos que dentro de nuestra libertad interior podemos tomar la decisión que menos nos favorezca por cuestiones personales de cada uno, como cuando cedemos por el bien del otro, asociándose esta situación más con la comprensión y el servicio dentro del marco del buen gesto.

Ahora bien, pero el pensar sobre algo lógicamente consciente, real y palpable tal como el sentido de la vida y qué significa verdaderamente vivir, ¿quién alguna vez se preguntó esto? Parecen preguntas simples de pocas palabras, pero no dejan de ser claras y directas.  Sobre todo de acuerdo al momento actual de cada uno, ¿qué respuesta tendrían hoy al respecto?

Es esta misma vida que nos permite aquí y ahora estar leyendo y quizás logre detener un poco nuestros pensamientos en estas preguntas, donde puede ocurrir también que no sean de mucha importancia para algunos, ya que no es de su interés o de su agrado pensar sobre esto por ahora, pero sí quizás más adelante. Así, tal vez llegue el momento cuando alguien le pregunte, o cuando quieran hacer un recuento de cómo fue su cronología vivida en un determinado tiempo.

Y tal vez en otros como a vos, sí logre que se encienda esa chispa de intriga, el mirarse uno mismo hacia su interior y a la vez hacia el exterior, en lo que entienden y pueden responderse, valorizando la misma vida sobre el básico sentido común que nos hace estar presentes y conscientes aquí y ahora.

Si lograras verte en un determinado lugar a tu libre elección, reposando cómodamente como gustes, y con la imaginación de hacer una proyección de todos los momentos de cómo es tu vivir hasta hoy, posiblemente veas que esos recuerdos aparecen uno tras otro, como si fuesen estrellas decorando poco a poco tu propio cielo. Así, ¿qué ves y cómo te ves en tu vida? ¿Cómo eras, cómo sos y cómo deseas ser, si es que algo cambiarías de tu actual forma de ser a partir de mañana?

Seguramente hay infinitas opiniones sobre este tema, partiendo del hecho de que somos únicos e irrepetibles. Pero de por sí son diferentes opiniones por la etapa en la que estemos de nuestra vida. Me refiero con esto al rango etario, donde las personas muy mayores a menudo tienen, de alguna manera, este tipo de preguntas reflotando ciertos recuerdos, donde suelen expresar: “la vida es muy bella pero lástima que también es muy corta”. Y lo dicen con una mirada cristalina y fija, buscando los mejores momentos en el álbum de sus pensamientos junto a los amores de su vida, donde también generalmente recomiendan y animan a los más jóvenes, a aprovechar cada momento y disfrutar todo lo que más puedan en plenitud. Recuerdo a mis abuelos cuando contaban el paso de sus años. Eran relatos a su ritmo, llenos de imágenes de su largo recorrido, donde no alcanzaban los momentos compartidos para que cuenten sus historias, ya que muchas de ellas las repetían una y otra vez con bastante alegría. Al escucharlos lograba imaginar algo semejante, ya que eran historias simples, y quizás sin tantos firuletes como en los pasos de un tango, entendiendo así que vivieron en una época totalmente diferente a la nuestra.

Otros quizás dirán que “la vida es compleja, pero así y todo vale la pena vivirla, e intentar no preocuparse por cosas tontas”. Más allá de las diferentes situaciones que fueron atravesando hace tiempo atrás, hoy están en un momento que les permite disfrutar después de años de esfuerzo relacionado a lo que anhelaban. Y quizás deseaban tener dignamente su propia casa, una familia ya conformada, donde hoy algunos de los integrantes están con trabajos determinados, viviendo tal vez en otros lugares más alejados por algunas cuestiones profesionales. También ya con sus propios hijos donde todavía algunos estén afrontando aun los nervios de un último examen de universidad o de su primera experiencia laboral, y el más chico terminando de aceptar las alteraciones de la misma adolescencia.

Algunos dicen que “la vida es hermosa, llena de sueños e ilusión, con muchas ganas de nuevos proyectos por cumplir”, pero con algo de ansiedad e incertidumbre, ya que en cualquier momento algo te sorprende y nos hace ver las cosas de un día para el otro de diferentes maneras. Así como un sube y baja de emociones que dan esa sensación vertiginosa, pero a la vez todo va teniendo algo de sentido, poco a poco, donde la impaciencia empuja las emociones en la generación actual. Y también puede ocurrir que algunos estén a la espera de una fecha de su propio casamiento que se acerca aceleradamente, donde por momentos todo es caos en cuestiones organizativas, pero quizás esto mismo esté impulsado por una semillita que está en proceso de crecimiento en una panza, sumando a este momento único y especial, algo de dudas, certezas, miedos y más promesas en un sueño de amor.

Algunos jóvenes no pueden definir con claridad realmente cómo es su vida. Y esto es lógico, seguramente porque no es algo que hoy les interese saber. Pero también viven momentos intensos de todo tipo, con algo de confusión: procesos internos de cambios contantes en su cuerpo, con el desafío de aceptarse, y también a esto se suman las sensaciones de los primeros amores y sueños, con algunos deseos bien marcados que ya se les notaban de niños. Otros quizás están a la espera de un test vocacional para saber qué carrera deben elegir, a que dedicarse en un futuro, sabiendo que existe la posibilidad de despedirse de sus compañeros de la escuela primaria (que posiblemente fueron sus primeros amigos de la vida), donde una elección por el mañana cambie el rumbo de sus destinos para siempre.

Pero también para otros la situación sea diferente, y necesitan comenzar por obvias razones con algunas actividades de medio tiempo para generar algo de dinero, más allá de los estudios, y poder ayudar en sus hogares con los gastos, donde la situación y los primeros rasgos de independencia los impulse a querer intentar cambiar este momento de la familia.

Para los más chicos la vida es linda, divertida, llena de sorpresas, colores y juegos, pero acompañan esas expresiones con algo de berrinches, ya que comienzan a sentirse las primeras responsabilidades de colaborar con mamá y papá en ciertas cosas de la casa, o en tener que levantarse temprano para ir al colegio. Son las primeras responsabilidades de sus vidas, así esté lloviendo o haga frío, pero también con la ilusión intacta de volver y seguir jugando a lo que sea, siempre y cuando tengan la tarea resuelta.

Son distintas etapas que viviremos y en cada una habrá miradas y definiciones adecuadas al momento. Tal vez hoy algunos estamos a mitad de camino, en el proceso anterior o en el que sigue, pero es la vida misma que viene y sigue sin detenerse, aceptando de alguna manera el mundo en el que vivimos, llevándonos a veces sin darnos cuenta en andas y a su ritmo.

No existe para mí una respuesta única y universal sobre cómo es la vida, ya que hasta los principios pueden ser parecidos entre hermanos de la misma sangre, pero después cada uno en algún momento va eligiendo su propio camino donde comenzamos a ser responsables del rumbo que toma la vida en función a las elecciones que hacemos según nuestros deseos y preferencias.

Pero la vida sí nos permite desde ya preguntar y responder sobre ella misma. Pensando el ayer, el hoy y el mañana, lo que hicimos, lo que podemos hacer, lo que sabemos y lo que nos falta por aprender, todo es parte de la vida desde una simple comprensión. La vida es un despertar, un estado de ánimo, observar cuando se asoma el sol, caminar descalzos en la arena, juntar la gotas de la lluvia con las manos, cuidar de alguien y que nos cuiden, tomar mates, trabajar, cruzar la calle, ir juntos de las manos, pensar en alguien, rezar un rosario, ir a misa juntos, andar en bicicleta, formar una familia, estudiar, cantar sin miedo, sentir, mirarnos, escucharnos. También la vida es sanar, perdonar sinceramente, ayudar, aceptar, servir, agradecer, ir y venir, reír a carcajadas, abrazar fuerte, dar un beso, preguntar y preguntarnos si estoy bien, tener buenos deseos para los demás. Es ser libres en nuestros pensamientos, en nuestro corazón, ser sinceros, comprensivos, amables, saber dar un consejo y sobre todo amar en todos los aspectos de la vida.

También vivir es ser consciente que disponemos de un cuerpo, de la razón y de un corazón que late y siente, en cada momento que nos toque o decidamos atravesar bajo las circunstancias y los matices que nos ofrece la vida.

La podemos definir y sobre todo para los creyentes, en un tiempo determinado, sabiendo que Dios es el que puede darnos la vida y también quitárnosla. Quizás resulte un poco fuerte leer esto, pero es Él quien nos otorga la vida como un don sagrado y divino de naturaleza física y espiritual. Si nosotros vivimos dentro del agradecimiento y de una adoración hacia Él permanente en nuestro corazón, encontraremos en algunas de esas etapas de la vida el verdadero propósito para el cual fuimos creados. Y quizás sea algo que nos cueste ver o entender hoy, ya que humildemente pienso que todo va ligado directamente en la fortaleza que tengamos en nuestra fe buscando y amando siempre a su hijo Jesús. Ahí está la clave para sentir el verdadero sentido a muchas cosas y el descanso de todo lo que nos pasa y pesa. Es importante ponerse en sus manos para que Él alivie nuestras cargas y también para agradecer sus bendiciones de todos los días.

Todo tiene un sentido, un propósito que entenderemos en algún momento y tal vez sea en esta etapa que hoy estás viviendo, o más adelante. Al respecto, puede suceder que tengamos algunas preguntas dentro de su llamado, como las siguientes: ¿Cuál es mi propósito? ¿Hacia dónde me llevará Dios? ¿Pondrá en mi camino a alguien para que caminemos juntos en su Palabra? ¿Hará que viaje por el mundo por alguna misión especial? ¿Querrá que me dedique a lo que estudié, o será también que deberé dedicarme a lo que simplemente me gusta y apasiona desde chico? ¿Me pondrá en el camino de muchas personas para crecer mutuamente? ¿Hará que mi corazón sea más humilde, más amble y servicial? ¿Qué querrá Dios de mí y para mí? Y así un conjunto de preguntas de acuerdo al momento que cada uno estemos atravesando. Pero también, como suele decirse, “soñar no cuesta nada” y creo que vivir con Dios es vivir teniendo esa sensación de soñar, porque Él escucha nuestras oraciones si son acompañadas con fe, con gratitud y humildad. Nuestros pedidos llegarán en los tiempos de Dios, aunque a veces sea difícil comprender su “reloj”, pero llegarán aceptando así su voluntad generosa.

Pensemos que el adorarlo y glorificarlo no es algo al pasar sencillamente, como leer un cartel de propagandas. Humanamente es nuestro momento íntimo de reconocer que nuestra vida nos la dio generosamente, y también por esa causa fuimos salvados por su misericordia. Por eso es nuestro único y verdadero Rey de todo y de todos. Fuimos testigos que en su hijo Jesucristo nos demostró la vida eterna, siendo tan generoso junto al sufrimiento de su madre y dentro del amor infinito que sentía por nosotros. En sus últimas palabras nos la ofreció para que María sea también nuestra madre.

Pensar que la vida es una sola, aquí en este mundo terrenal, quizás nos da la dimensión de todo lo que nos falta por recorrer y también de todo lo que deberíamos agradecer con solo mirar a nuestro alrededor y comprender lo que los demás hicieron por nosotros. Es necesario aceptarnos así, tal cual fuimos creados, querernos para poder querer y amarnos para poder amar. Con la libertad de aceptar el plan de Dios y vivir con sabiduría, con perdón, humildad y sobre todo con una mirada de amor hacia el mundo. Y donde se haga presente ese “yo” interior en momentos de discernimiento ya no será solo nuestro, sino que ese es Jesucristo, extendiendo su mano para acompañarnos en el proceso, y ayudarnos a elegir lo mejor para cada uno de nosotros, sabiendo que en Él no hay equivocaciones, todo será exacto y eficaz a su modo. Haciéndonos pensar de una manera diferente sobre cuál es el verdadero sentido de nuestra existencia y cómo deberíamos vivirla, para no quedarnos solo en pensar la rutina de cada día y que se nos pase así la vida, sino que el verdadero valor está en seguir los planes de Dios para nuestro mayor gozo.

“Jesús curaba con sabias palabras, con humildad y derramaba amor sin distinción sobre las personas, si todos tuviésemos algo de su mirada, el mundo seguramente sería diferente”.

 

 

 


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