Contemplar el misterio de la Navidad


Por Carlos Ezequiel Cabalero (*)

 

“Dios se hizo hijo del hombre,

para que el hombre llegara a ser hijo de Dios”. 

Benedicto XVI

Respecto a la historia y el mensaje de la Navidad, podemos afirmar que en los relatos bíblicos de este acontecimiento se nos proporciona la historia de una familia que, a pesar de los momentos dramáticos por los que les toca pasar (pensemos en el viaje a Belén con María embarazada, la falta de alojamiento, la persecución y huida a Egipto), no se pierde de vista la belleza de lo sencillo y lo humano (elementos como los pañales, la cuna improvisada, el establo, la Estrella, el buey, la mula, los Ángeles y los pastores que son clave en esta narrativa y que cualquier artista valora de sobre manera). Por eso, en este tiempo la Iglesia nos invita a detenernos y contemplar a esa familia que no contaba con seguridades humanas pero que estaba impulsada por la fuerza de la fe.

Históricamente también podemos decir que la “celebración” de la Navidad comienza a tomar relevancia dentro de la Iglesia como respuesta a desafíos teológicos; para ser más precisos en el siglo IV, ante el fuerte auge de la herejía arriana (que proponía que Cristo no era Dios), la Iglesia respondió acentuando mucho el tema de la festividad de Navidad, que hasta entonces era considerada una celebración menor. Ante el cuestionamiento de la divinidad de Cristo la celebración litúrgica de la Navidad se alzó para reafirmar nuestra fe: Ese niño nacido en Belén es “Dios con nosotros”. Desde aquel entonces la Solemnidad de la navidad nos invita a hacer presente en nuestras vidas el don inconmensurable que celebramos “La Navidad se ha convertido en la fiesta de los regalos para imitar a Dios que se ha dado a sí mismo. ¡Dejemos que esto haga mella en nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente!” (Benedicto XVI, homilía del 24 de diciembre de 2005).

El problema de la lectura racionalista

En el siglo XIX, el surgimiento del método histórico-crítico propuso una lectura rigurosa pero puramente académica y racionalista de la Biblia. Este movimiento intelectual hizo que al ponerse el acento exclusivamente en la parte histórica y literaria, se corriera el riesgo de ser una lectura sin fe, quitando la mística de la Navidad. Como alguna vez se dijo, el método histórico-crítico es una herramienta indispensable pero insuficiente para leer la Biblia, ya que sus representantes dejaron de lado la parte que inspira a cualquier artista y creyente, y sobre todo perdieron de vista que la Biblia es, ante todo, un libro de fe. Por eso, al acercarnos a la lectura orante de las Sagradas Escrituras, resulta importante que no nos perdamos en el análisis y nos dediquemos, más bien, a su contemplación a fin de acoger el misterio en nuestro corazón y dejando que este lo transforme, así como el Amor de la Sagrada Familia transformó un humilde pesebre en un santuario de adoración al Señor.

Consejos para la lectura de este tiempo

Para una comprensión más completa de la Navidad, se sugiere la lectura orante de los siguientes pasajes, que abarcan la dimensión teológica e histórica:

 * Juan 1 (el prólogo), que enfatiza la divinidad de Jesús y la encarnación de ese niño que vino a traer luz donde había tinieblas.

 * Los capítulos 1 y 2 tanto de Lucas como de Mateo, que narran estos acontecimientos desde una perspectiva más humana y con una gran riqueza de detalles.

En este tiempo de Navidad también resulta particularmente importante poder detenernos en la figura de María, especialmente en los versículos de Lucas 2,19 y 51 donde se señala que ella conservó todas estas cosas en su corazón y meditando sobre la grandeza de estos acontecimientos. Le debemos a Lucas la maravillosa compilación que nos ha dejado de aquellos pensamientos que María le confió: pues históricamente la tradición de la Iglesia nos ha enseñado que estos textos son el testimonio que María ha dado a Lucas y que este a su vez nos ha dejado por escrito; dicho de otro modo, encontramos en estos textos a María como una fuente primaria del texto de Lucas.

Dos narraciones del mismo misterio: Mateo y Lucas

Los relatos de Mateo y Lucas no son redundantes, no se repiten ni contradicen; más bien, se iluminan mutuamente y ofrecen perspectivas complementarias según sus audiencias y objetivos, las cuales son importantes tener en cuenta a la hora de acercarnos a ellos para una lectura mucho más rica y profunda.

Lo primero que podemos preguntarnos es ¿para qué y para quiénes escribían tanto Lucas como Mateo? La respuesta a esta pregunta nos permitirá una lectura más consciente y profunda de los evangelios. Por la tradición sabemos que Lucas

- era un médico de origen griego y formado en la cultura helenística

- que se convierte al cristianismo gracias a la predicación de San Pablo; Si bien muchos ponen en duda esta afirmación, lo cierto es que ambos

* comparten esa apertura del evangelio a todo el mundo,

* tienen una referencia constante de su Misión a la guía del Espíritu Santo

* y en varias ocasiones los encontramos caminando y trabajando juntos (cosa que se observa por ejemplo en los saludos de las cartas paulinas).

Desde esta perspectiva, Lucas presenta a Jesús como esperanza para toda la Humanidad: los pobres, marginados, las mujeres y los más pequeños son objeto de especial atención en sus textos. De esta manera, el relato navideño del Evangelio de Lucas es la Buena Noticia que desborda los límites de Israel y se ofrece como Don Universal.

Por su parte Mateo es un autor de origen judío convertido al cristianismo y que se dirige a judíos que como él comparten la fe en Jesucristo. Por lo tanto, en Mateo encontramos:

- un profundo conocimiento de la lengua hebrea,

- de las tradiciones, costumbres y religiosidad del pueblo judío,

- un conocimiento de las escrituras del Antiguo Testamento

- y un esfuerzo por asociar las promesas mesiánicas a la persona de Jesús.

Para Mateo, Jesús es el Mesías esperado, el Rey de Israel, aquel en quien Dios cumple su alianza con el pueblo elegido. La Navidad se presenta como el momento en que las antiguas promesas encuentran su plenitud.

Teniendo una idea más clara sobre a quiénes se dirigían y para qué escribían podemos comprender el enfoque que cada uno hace sobre Jesús; así, mientras en Mateo es el Mesías prometido al pueblo judío (el Rey de Israel). En Lucas la esperanza en Jesús es patrimonio de toda la humanidad (salvación universal).

Esta diferencia se refleja de manera elocuente en las genealogías de Jesús: Mientras Mateo (1, 1-17) se centra en la realeza del linaje de José (conectando con David) y se remonta hasta Abraham, el padre en la fe del pueblo de Israel. Lucas (3, 23-38) en cambio se centrará en la familia sacerdotal de María (reflejado en la visita a Isabel y Zacarías) y retrocederá hasta Adán para reflejar el carácter universal de la salvación en Cristo.

En conclusión, una hermosa propuesta para preparar nuestros corazones en esta Navidad podría ser el dejarnos conducir por la lectura orante de estos pasajes bíblicos y que, a ejemplo de María, contemplemos sus relatos, nos dejemos interpelar y nos sirva para introducirnos en el Misterio de aquel Niño Dios que nace y viene a habitar entre nosotros. Que esta Navidad nos encuentre en actitud contemplativa y orante para que el nacimiento deje de ser un recuerdo y se transforme en un acontecimiento y presencia viva.

¡Feliz y bendecida Navidad!

 

(*) Licenciado en Educación Religiosa. Profesor en Filosofía y Cs. Sagradas.

carlosecabalero@gmail.com


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