Argentina "barranca abajo"
Por Aníbal Germán Torres (*)
Hubo un tiempo en el cual, más allá de las banderas de una expresión
política determinada, parecía que estaba fuera de discusión que en la Argentina
el trabajo decente posibilitaba la dignidad humana y que en el país los únicos
privilegiados eran los niños.
En su ferocidad y rapacidad, la última dictadura cívico-militar dejó
heridas profundas en la sociedad argentina, algunas de las cuales no se
lograron suturar en la etapa democrática inaugurada en 1983, con la
recuperación del Estado de Derecho. Incluso, tras políticas erráticas y la
lógica "pendular" (es verdad, influidas también por los cambios en el
contexto regional y mundial), hubo problemas que se acentuaron. La pobreza
estructural, el nivel de endeudamiento y, más aún, la falta de solidaridad o de
confianza en el otro, no eran problemas relevantes para la sociedad argentina
hasta mediados de los años 70' del siglo XX, acostumbrada a apostar por el
trabajo digno y la educación como vías de ascenso e inclusión social.
El oficialismo mileísta-libertario muestra ser activo en materia de
reformas, muchas de ellas con aires revanchistas y/o con pretensiones
"refundacionales" (ciertamente, un mal que ha aquejado a la nación en
no pocas ocasiones). Los casos de iniciativas como la mal llamada
"modernización" laboral (una precarización encubierta, como otras que
padeció el país en épocas de ajuste) y la mirada unilateral punitivista,
plasmada en el nuevo regimen penal juvenil que aborda por los efectos (no por
las causas) el tétrico círculo vicioso de calle-crimen-cárcel-cementerio,
ratifican que atravesamos una etapa que poco y nada tiene que ofrecer en
materia de un proyecto de desarrollo humano integral y sostenible para el
conjunto de la población, con el trabajo digno y la educación como ordenadores
sociales. Como es advertido por distintos actores, la propuesta que se baja
desde los ámbitos gubernamentales es de miseria planificada, lo cual la vuelve
moralmente injusta y políticamente de miras muy cortas.
Años, muchos años, de idas y venidas y de defecciones en materia de
principios otrora innegociables (la Confederación General del Trabajo es un
caso emblemático al respecto, pero peor aún son algunos exponentes que fueron
oficialismo) preprararon el terreno para el discurso y la praxis mileísta. Es
verdad que no todo tiempo pasado fue mejor, pero también es cierto que se puede
involucionar cuando se cree estar mejorando. Y así nos va: como el tango,
"barranca abajo".
(*) Doctor en Ciencia Política. Docente universitario.
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